Colombia: Pase lo que pase en las negociaciones con las FARC, los colombianos han perdido


PUNTO DE MIRA POR CHEMA GIL (DIRECTOR DE IUXSED)

Las FARC son una organización terrorista que opera el narcotráfico internacional como fuente de financiación, en la actualidad -según las fuentes consultadas en la Seguridad del Estado- puede haber movilizados unos 9.000 terroristas. Esta breve definición de lo que son y a lo que se dedican las FARC se corresponde con la realidad tal cual; nadie en su sano juicio, salvo que comparta los objetivos de los narcoterroristas, puede describirlos de otra forma. Son unos asesinos sin escrúpulos que, además, mantienen relaciones con la banda terrorista ETA y otros grupos terroristas internacionales, y lo hacen sin pudor, amparados -además- por regímenes como el instaurado en Venezuela por el recién desaparecido Hugo Chávez, en perfecta sintonía con quien hoy es candidato del Chavismo a la presidencia de Venezuela, Nicolás Maduro quien llevaba las Relaciones exteriores.

El estulto presidente de Colombia, Juan Manuel Santos

Colombia y los Colombianos llevan sufriendo a estas alimañas desde 1964. Miles de muertos, millones de desplazados, secuestrados, menores convertidos en niños de la guerra o utilizados como escudos humanos. Miles de secuestros extorsivos, desaparecidos sobre los que nada se sabe. Pues con esa gente, el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, está negociando la paz. El Jefe del Estado colombiano NO está negociando, desde la autoridad legal y moral del Estado la rendición de los terroristas, ni la entrega de las armas, ni su entrega a la Justicia para ser juzgados y cumplir las condenas.
Las negociaciones, tuteladas por países como Cuba, inducidas y amparadas, incluso, versan sobre cuestiones como las políticas agrarias, política económicas, traslación a la política de los líderes terroristas y, quién sabe, si también la militarización de efectivos de las FARC.

Elvia Cortés con un collar bomba antes de ser asesinada

Pienso –ahora mismo, como lo hacía hace poco en un medio latinoamericano- en los rostros de terror de personas como Elvia Cortés, una mujer a la que estos terroristas, le colocaron un collar bomba, delante de su familia, para extorsionarles unos 7.000 dólares. Un especialista en desactivación de explosivos, el teniente colombiano Jairo López, se afanó en desplegar toda su profesionalidad para liberar a la pobre Elvia Cortés y a su familia de aquel yugo colocado por las FARC. Esos terroristas, compañeros de faena de etarras y jihadistas, no dudaron en activar a distancia el explosivo y acabar con la vida de la mujer y del artificiero Jairo López. Esos ‘revolucionarios’, que no son más que una excrecencia con forma humana, han actuado así intentando someter una democracia, un estado, a millones de personas.
Una consulta a la impresionante base documental obtenida en la operación antiterrorista en la que fue aniquilado el dirigente Raúl Reyes, evidencia que los narcoterroristas colombianos tenían presencia ‘política’ ante las autoridades venezolanas y que en Venezuela, con el apoyo de instituciones gubernamentales, las FARC obtuvieron financiación y apoyo logístico.
Cuba ha servido siempre –como en el caso de ETA- de refugio y base de negocios de las FARC. Dirigentes terroristas y sus familias residen en la isla y los hijos estudian allí con absoluta tranquilidad.

Respecto a Europa y, en particular, Noruega -país en donde se iniciaron las negociaciones- hay que recordar la inexplicable libertad de movimientos de los que gozaba un ciudadano danés, identificado como ‘Carlos Mono’ en actividades de las FARC en ciudades como Estocolmo, Copenhague y OSLO. Tal libertad permitió el registro legal de una supuesta agencia de noticias como Anncol, desde donde se difunde con completa impunidad el ideario de los terroristas de las FARC, pese a que el grupo en cuestión está integrado dentro de la lista de movimientos terroristas de la Unión Europea. La información en la computadora de Raúl Reyes pone en evidencia la intensa relación de los narcoterroristas con la denominada Justicia Socialista, organización de la que –en virtud de los referidos datos- se identifica que personas vinculadas recibieron adiestramiento político y militar en campamentos terroristas. En Noruega, se han realizado operaciones de financiación de los terroristas.

Así pues vemos que, incomprensiblemente, el presidente Santos se ha entregado a un proceso de negociación donde todas sus cartas están al descubierto, mientras que las FARC juegan con una baraja que tiene marcados todos los triunfos. Santos juega de ‘farol’, pero éste es conocido por los terroristas.

Se repiten en estos momentos buena parte de los errores que se cometieron durante los las negociaciones de El Caguan, en tiempos del presidente Pastrana, veamos:

Multipolaridad de actores rodeando las negociaciones

Como en el proceso de El Caguan, el primer error que se observa es que Colombia permite el juego, en este incierto proceso de negociación, a múltiples actores. Como señalé anteriormente, los más visibles son Venezuela y Cuba, países con múltiples vinculaciones institucionales y sociales con los terroristas. El tercer actor visible es Noruega, este país es una democracia confiable, si bien, en el mismo se desenvuelven movimientos sociales de apoyo a las FARC, así como a otros grupos terroristas. La multipolaridad de los actores implicados en el proceso, lejos de ser una fortaleza debilita la posición del Estado Colombiano, como sucedió en tiempos del presidente Pastrana. Cuando la negociación –y me temo que así ocurrirá- encuentre elementos inasumibles por las FARC. El Estado Colombiano puede verse abocado a un debilitamiento en sus posiciones con filtraciones tendenciosas y desacreditadoras para el Gobierno de Colombia. Recordemos que Hugo Chávez REIVINDICABA el reconocimiento de los terroristas para asimilarlos a fuerzas beligerantes o incluso a ejércitos.

Aunque en un proceso como éste no puede obviarse la dimensión internacional, Colombia no ha favorecido ni ha impulsado eficazmente que aparezcan otros actores y que, a todas luces, debieran ser más visibles, por ejemplo EE UU. Es claro que la Administración Obama está informada de la situación, pero no es comprensible que uno de los principales aliados de Colombia ‘aparezca ausente’, mientras que los principales apoyos internacionales de las FARC han sido, son y serán actores principales en el proceso.

De espaldas a los colombianos

Se iniciaba el proceso con otro error de los que se cometieron cuando las negociaciones de El Caguan. Todo el pre-proceso estuvo presidido por un comportamiento cínico por parte del Gobierno del presidente Santos. Hasta la víspera de la confirmación oficial de las negociaciones previas, se negó que las mismas se estuvieran produciendo. Mentir a la ciudadanía que a la que se dice representar no es la mejor carta de presentación para este proceso por dos motivos:

El primero es que no se ha desplegado un mínimo esfuerzo pedagógico sobre la virtud del proceso, máxime cuando la anterior negociación fue un fracaso, tan estrepitoso, que indignó a la sociedad civil colombiana. Millones de víctimas entre asesinados, mutilados, desplazados forzosos tras medio siglo de terrorismo merecen un reconocimiento expreso en esta situación, Santos ni se ha referido a las víctimas. El presidente colombiano ha presumido –en una actitud chulesca inadmisible- desde que fuera elegido presidente que él tenía las claves para acabar con el conflicto, pero lo cierto es que se presentó a unas elecciones sin que llevara en su programa electoral abordar un proceso de negociación; es más, se presentó como candidato con el aval que le daba haber sido ministro de Defensa del gobierno de Uribe, el que más éxito logró en la lucha contra el narcoterrorismo. La conducta de Santos puede ser calificada como una traición a los valores que se le reconocían en esta materia.

El segundo motivo es que no sólo la sociedad civil ha sido obviada, sino que instituciones tan concernidas por la cuestión, como el Ejército, las Fuerzas de Seguridad y la propia Inteligencia de Colombia se enfrentan al nuevo proceso tras meses de incertidumbre y desasosiego pues, mientras sus miembros estaban siendo atacados, asesinados y secuestrados el Gobierno estuvieron realizando acciones que han causado cuando menos, estupor y desconcierto.

Raul Reyes, uno de los jefes de las FARC abatidos

Proceso de paz con quién ¿terroristas o narcotraficantes?

Cuando el gobierno del presidente Pastrana se entregó a las negociaciones de El Caguan se obviaron aspectos que ya entonces eran muy importantes. Las FARC no pueden ser vistas como un grupo guerrillero revolucionario, concepto que evoca una nostálgica y falaz idea de revolución popular, propia de los años sesenta. Los terroristas de las FARC ya eran, a finales de los 90, operadores principales y fundamentales del narcotráfico internacional. Hoy lo siguen siendo, incluso de forma más destacada. Se pretende negociar con un grupo de crimen organizado que desarrolla su actividad en frentes como el narcotráfico, el tráfico de armas y explosivos y el despliegue de violencia. Así pues, sino existe una declaración de principios que identifique claramente con quién se negocia, estamos abocados a un proceso fallido. ¿Serán identificadas las FARC como lo que son en realidad o simplemente serán identificadas como un movimiento guerrillero?.

Objetivos de negociación imprecisos

Otro error de base, consecuente del que he señalado anteriormente, es que NO EXISTE PRECISIÓN sobre los objetivos concretos de la negociación. Si se pretende solamente la desmovilización de las FARC nos encontraríamos no sólo ante una indignidad política por parte de Santos, sino ante una estupidez de tamaño descomunal. Así las cosas, después de precisar con qué gentuza se va a sentar a negociar el gobierno de una Nación como Colombia debiera establecerse, en consecuencia, los objetivos concretos. El proceso será eficaz si los terroristas entregan la totalidad de las armas y explosivos. Tienen que identificar las caletas de armas, explosivos y recursos técnicos y logísticos. Identificación de campamentos y guaridas; entrega al Estado de recursos financieros del grupo terrorista; entrega de información que facilite la interrupción de operaciones de tráfico de armas y drogas, así como la identificación de organizaciones criminales con las que mantuvieran negocios (aquí adquiere una cierta relevancia la dimensión internacional del proceso).

Negociación bajo presión para el Estado

Es evidente que un Estado en un proceso de este tipo no debiera hacer ni una mínima cesión de lo que implica su soberanía; así, es mi parecer, no debe abordarse negociación de ningún tipo en un momento como el actual en el que durante meses las FARC se han enseñoreado haciendo alardes de violencia, no sólo mediante asesinatos más o menos selectivos, sino atentando con coches bomba, asaltando a unidades del Ejército desplegadas en diferentes zonas del territorio nacional colombiano, incluso el mismo día en que se reconocía por parte del Gobierno las negociaciones previas. Se lanza un mensaje que, a estas horas, está siendo utilizado por las FARC en distintos foros: El GOBIERNO DE COLOMBIA ha sido debilitado hasta el extremo de tener que sentarse a negociar. Santos debe saber que va a iniciar el proceso desde una situación de debilidad. Socialmente, un mensaje así, en ciertas comunidades, es un desastre para el conjunto de la Nación. Recordemos que el proceso de El Caguan comenzó igual, tras una intensificación de la violencia por parte de las FARC. Es el peor comienzo para el Estado.

Estos son algunos errores con los que se va a iniciar el proceso de negociación decidido por el presidente Santos. SÓLO CABE UNA NEGOCIACIÓN CON LOS TERRORISTAS, SU RENDICIÓN, ENTREGA Y DESAPARICIÓN DEL MOVIMIENTO y para que tal negociación pudiera haberse iniciado los criminales debieron haber reconocido lo que son.

DESAPARICIÓN O APLICACIÓN ESTRICTA DE LA LEY

La clave es que un proceso de negociación de esta naturaleza sólo puede estar orientado a la rendición de los criminales, a su disolución como organización criminal; si admitiéramos cualquier cesión del Estado SERÍA EL PUEBLO COLOMBIANO QUIEN ESTARÍA RINDIÉNDOSE, y los acuerdos políticos a los que se están llegando deben provocar la naúsea en cualquier persona digna, pues se está haciendo concesiones a terroristas, es decir, los terroristas YA HAN VENCIDO AL ESTADO, PUES EL GOBIERNO DE SANTOS VIENE A TRASLADAR LA IDEA DE QUE CON LA VIOLENCIA SE PUEDE DOBLEGAR A UNA DEMOCRACIA, es un precedente histórico que causa terror.

El cinismo de las FARC

El terrorismo, de diferente etiología, en Colombia ha dejado más de 3.700.000 desplazados, 600.000 muertos y 15.000 desaparecidos a lo largo de casi 50 años. Aún hoy existen secuestrados, cuando se están produciendo negociaciones. Mientras representantes del Gobierno y los terroristas se sientan a negociar en Cuba, las FARC siguen colocando bombas, realizando operaciones de narcotráfico, secuestrando, atacando a población civil.
Se mofan de la inteligencia de los colombianos, diciendo que su organización nada tiene que ver con el narcotráfico.

Los sondeos más optimistas en el ámbito del análisis especializado en esta materia estiman que llegado el caso de un acuerdo de paz la desmovilización de las FARC no sería general, quedando activos como 'narcoterroristas' más de tres mil individuos, perfectamente armados y entrenados en la guerra de guerrillas, así se daría el caso de que buena parte de los líderes terroristas se incardinarían a las instituciones, donde manejarían ámbitos de poder o de representación, al tiempo que otra parte de la organización quedaría perfectamente activada.

Así las cosas, incluso en el escenario más optimista del estulto presidente Juan Manuel Santos, Colombia y los colombianos ya habrían perdido en estas negociaciones indecentes.

La inseguridad creciente

Mientras tanto, en Colombia, los episodios de inseguridad crecen de forma sensible, la desconfianza en las instituciones del Gobierno sigue disminuyendo, en buena medida por la incertidumbre generada por las negociaciones. Santos está abocado en el próximo proceso electoral a rendir cuentas en negativo, porque nada va a ganar Colombia con el proceso, debido a que dentro de las FARC, se maneja el mantenimiento activo de estructuras terroristas-guerrilleras aunque pudiera acordarse un final con los representantes del Gobierno.
La guerra estará servida al día siguiente, pero con una Colombia debilitada, quizá incluso en el plano operativo; pero sobre todo con una democracia que habría sido doblegada.

También te puede interesar